16/17 diciembre

PARTIDOS DEL SÁBADO (III)

13 Oct 2015
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Tres horas de sueño y arriba. Tres partidos por delante en las siguientes ocho horas. Se dice rápido. Las chicas aparecen en el desayuno con mejor cara de la esperada.
 
Los nervios son el mejor despertador.
 
Desayuno. Zumo de naranja en polvo en vasos pequeños. Té rojo con toda la fuerza que pierde en café en esas tierras. Tostadas y cereales, la mayoría. Alguna vacía la bandeja de croissants en la primera barrida. Otras se arriesgan a pedir un típico desayuno irlandés. Huevos, bacon, alubias,… A esas horas, yo no puedo ni mirar esos platos.
 
Volvemos a tener cuatro coches en la puerta a la hora prevista para salir hacia el pabellón. Son personas diferentes, pero igual de amables. Nos miman.
 
Recorremos un par de millas en un barrio residencial, lleno de universidades y colegios de pago. Estamos en una buena zona. Se nota. 

No vemos el sol. No lo veremos en esos días. Al menos no llueve. Todavía. 20 grados y nubes. La gente nos dice que tenemos suerte con el clima.
 
Llegamos al Methodist College.
 
Nuestro primer rival son las anfitrionas. Ulster Rockets. El equipo de Breda. Son más grandes. Son más fuertes. Son más duras. Es otro baloncesto.
 
Hay más contacto, más empujones, más lucha, más imprecisiones. Más caos. Los golpes de cadera no son falta. Tampoco hay falta en la lucha por el rebote. Ni en los balones divididos. De hecho, prácticamente no hay faltas.
 
No existen los pasos de salida, excepto si los hace Mar. De todas las cosas que ella les enseña ese fin de semana, eso es lo único que los irlandeses no aprenden. Ángela, en cambio, juega feliz. Tiene momentos de iluminación en los que parece capaz de todo.
 
Nadie protesta. Ni jugadores, ni entrenadores ni público. Entonces se deduce que eso es normal.
 
Algunas chicas tenían miedo de que nos pasasen por encima. Pero no es así. Nos vamos seis abajo al descanso (24-18) y con la sensación de que lo podemos hacer mejor. La distancia se mantiene hasta el último cuarto, pero las imprecisiones hacen imposible acercarse. 48-37 y pensando en una posible revancha.
 
Luego esperan las Killester de Dublín. Es otra historia. Sólo hay que verlas calentar. Un equipo profesional hecho para ganar el campeonato de Irlanda. Breda nos cuenta que las dublinesas están probando a una americana para ficharla.
 
Sin tiempo de recuperación contra un rival de otro nivel, de otro planeta. Y sin embargo sucede lo inesperado. El primer cuarto es impecable. A falta de 40 segundos para el final de ese período, las Killester tienen que pedir tiempo muerto. El marcador es 8-8.
 
A partir de ahí, las irlandesas pisan el acelerador. Mucho. Parcial de 23-3 y a otra cosa, mariposa. Es lo que hay. Para eso estamos ahí, para ver cosas nuevas. Para disfrutar de ese nivel de competición.
 
El tercer partido, tras dos horas de descanso, es contra las junior de Ulster Rockets. Tendría que haber sido contra Galway, pero no han venido. Aplazamos el duelo para la próxima visita.
 
Vamos a ganar. Se ve desde el primer momento. El equipo está mucho más concentrado y se cometen menos errores. Las chicas están tan metidas en el partido  que aprenden que el cambio en inglés se pide diciendo “Sub”.
 
Nos pegan igual, pero la presión no es la misma. Siempre delante en el marcador. Es un partido bonito. Al menos para verlo. Imagino que también para jugarlo. Final, 34-42.
 
Habrá que dejar escrito que José Juan Piqueras dirigió el primer partido que un equipo de Molina Basket ganó en Irlanda.
 
Ganar no es lo más importante, pero mejora el día.
 
 
 
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