16/17 diciembre

La importancia de la paciencia

13 Oct 2017
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El pasado agosto realicé un viaje por CentroEuropa junto a otros dos chicos. Los tres hemos jugado a basket pero no nos conocíamos con anterioridad. Nuestra relación se limitaba a un grupo de WhatsApp en el que habíamos planificado meticulosamente cada uno de los 20 días que duraba nuestro viaje. Durante el mismo visitaríamos ciudades tan singulares como Praga, Viena, Budapest o Cracovia y otras más desconocidas como Ljubljana, Zagreb o Bratislava.

Tras coger el avión de Ryanair en Valencia con 35º a la sombra, y después de 3 horas de vuelo, aterrizamos en Berlín. A los 5 minutos, mientras nos ubicábamos para coger el tren que nos llevase cerca del primer apartamento que habíamos reservado, comenzó a granizar. Era medianoche, la gente no estaba muy por la labor de ayudar y sólo nos quedaba el GPS. Pero sin problemas, nos pusimos manos a la obra y gracias a una buena faena de equipo, tomamos el tren correcto y llegamos al piso del barrio de Mitte.

Nos quedaban tres días por delante en una ciudad gigantesca pero sabíamos lo que queríamos. Habíamos salvado el primer cuarto bien y queríamos seguir en esa línea. En el segundo período nos unimos a un Free Tour con una argentina que nos enseñó los principales monumentos del centro y nos contó diversas anécdotas. Comimos currywurst junto a una parte del muro. Visto de cerca no parece tan imponente. De alto como dos personas y más estrecho de lo que esperaba. Dicen que su fuerza estaba en la psicología, el que intentaba saltarlo no sobrevivía. Y eso hacía que la gente ni lo probase. Total, que llegamos al descanso con todas las opciones. Nos quedaban dos días más antes de marchar a Praga.

En el tercer cuarto, el desgaste se iba notando, después de los más de 15km del día anterior. Teníamos el reto de seguir metidos en el partido. Puerta de Brandenburgo, Checkpoint Charlie, Reichstag, orillas del río Spree,... mucho que ver aún. Caminando por el majestuoso parque de Tiergarten llegamos a una plaza decorada en el centro con una gran torre, a la que se podía subir y ver el skyline berlinés, con una estatua dorada en su cúspide. Ahí creo que el equipo se relajó un poco. Nos sentamos en un bar y a uno de los compañeros le robaron un par de balones seguidos (12 € por tres vasos de agua). Fue la última vez, nunca más.

El último día era muy exigente. Decidimos coger unas bicis y después de preguntar en varios sitios, elegimos unas con tres velocidades. Queríamos ir más a las afueras y visitar la East Side Gallery (varios murales de diferentes artistas sobre el muro original), además de otros lugares que nos habían recomendado, como un bar donde ver una de las mejores puestas de sol. Berlín es una ciudad perfecta para ir con bici. No hay mucho tráfico y siempre te dan preferencia, digamos que te protegen. Pero no te guían... y aquí empezó nuestro problema, el que nos hizo perder el partido.

Debíamos devolver las bicis a las 22:00, para no tener penalización. En principio, íbamos muy bien de tiempo. Uno de nosotros puso el GPS, pero le indicó seguramente la calle más larga de la ciudad. Hablo de que esa avenida tenía 6 o 7 kilómetros. Y en lugar de mandarnos cerca de donde queríamos, nos mandó al otro extremo. Cuando nos dimos cuenta, estábamos a 5 kilómetros de nuestro destino. El partido se había puesto muy cuesta arriba, pero nos miramos y nos propusimos ganarlo. A base de dar pedales a tope y gracias a los relevos nos situamos otra vez muy cerca. El equipo había hecho un esfuerzo titánico y lo teníamos en nuestras manos. Pero entonces...

... entonces llegó un gran imprevisto. Una de las cadenas de las bicis se salió y tuvimos que parar. El arreglo, por suerte, duró poco, pero los oponentes lo aprovecharon para alejarse otra vez. Otra vez a ponerse el mono de trabajo. La remontada estaba cerca pero un nuevo fallo mecánico se produjo. Entonces llegó lo peor. La anterior avería la arreglamos entre los tres, pero en esta ocasión, uno del equipo decidió marcharse en solitario, intentando llegar antes de que la tienda de bicis cerrase. El otro compañero y yo solucionamos su avería y seguimos juntos, con una buena sincronización pero habíamos perdido a una pieza vital. Los relevos eran más difíciles. Aún así seguimos y llegamos a las 22:03. Ni rastro del compañero, que llegó a las 22:18.

Perdimos, pero lo peor es que no perdimos un partido, lo peor es que rompimos el compañerismo. Nunca lo sabremos pero quizá juntos hubiéramos llegado a tiempo.

Moraleja 1: En un partido habrá muchas fases, buenas y malas. Cuando no salgan las cosas, no hagas la guerra por tu cuenta. Anima a tus compañeros. Sufre con ellos. Quizá así tengas éxito, por ti solo seguro que no.

Pero también aprendimos. Llegamos a casa con rabia y nos fuimos a dormir. Al día siguiente, hablamos y aclaramos todo. Y durante el resto del viaje siempre tuvimos claro que el grupo por encima de todo.

Moraleja 2: Las ligas son largas, no pasa nada si se pierde un partido. O más de uno. Lo importante es construir juntos para formar algo sólido. Y eso no se consigue de hoy para mañana. La importancia de la paciencia.

 

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