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Opinión

Opinión (2)

MasterChofff

11 Oct 2016 Escrito por

Todos hablaban de él. En el autobús que me llevaba a trabajar, en la oficina cuando parábamos a tomar algo a media mañana, en la sala de espera del dentista, en las colas del supermercado... No era cualquier cosa, era el tema estrella. Yo lo había visto anunciar en televisión, pero nunca me había puesto a mirarlo. ¿No has visto Masterchef???? Me repetía la gente sin cesar. "Pues tienes que verlo, ya verás como te engancha", decían unos. "Sobre todo, fíjate en Jordi!", me exclamó Pedro en el ascensor.

Yo a esas horas solía estar en el gimnasio o navegando por internet en busca de vídeos de bloqueos por la línea de fondo en transición para que el pívot recibiese bajo canasta o el alero saliese sólo a lanzar, pero ese día estaba agotado y me tumbé en el sofá. Recordé que me habían vuelto a poner la cabeza como un bombo con el dichoso programita y como a mi me gusta ser crítico por naturaleza me propuse verlo para llevar la contra al día siguiente a todo el que intentase darme la vara.

Lo primero que vi fue la disposición de los aspirantes a Masterchef. El día que yo me senté frente a la pantalla quedaban cinco y parecían estar en una clásica zona 2-3, aunque sólo era una táctica de despiste pues después fueron presentando sus platos en individual. El presentador principal era muy bueno, un líder natural, comía a dos carrillos, todo lo que le ponían, no se cortaba y soltaba alguna broma. De vez en cuando cogía algún rebote e incluso lo vi probar el mate de un concursante argentino. Le flanqueba una chica. Esta sí que no dejaba pasar ni un rebote, qué genio tenía la tía, pero a veces se liaba y hacía pasos. Y a la izquierda del presentador allí estaba Jordi, sobre el que mi vecino me había dicho que pusiese los ojos.

Me di cuenta de que casi siempre era el último en intervenir, supongo que por aquello de tener más información y poder decidir mejor. Se le veía con porte, con elegancia y muy atento a todo lo que pasaba en el juego. Según contaban, al principio su papel era más secundario pero con el paso de los programas había tomado mucho más peso. Y empezó a discutirle al líder natural tal condición. Era un tío serio, poco dado a las bromas, aunque sí le gustaba adornar los platos de los concursantes con alguna filigrana, muy de vez en cuando. Pero hasta en este tipo de cosas más arriesgadas siempre elegía la mejor opción.

Debía ser un día de mediados de abril, recuerdo que ya tenía la ventana abierta. Quedaba un catalán, una alicantina, un chaval griego jovencito, el argentino y uno del Valle de Ricote. En el programa ponía el hashtag "CuartosFinalMasterchef", un poco largo para mi gusto. Cada uno tenía que presentar dos platos y tener buena nota. En caso de dudas irían a la repesca con un postre. Los aspirantes fueron exponiéndose al jurado. Tanto la chica como el de Hospitalet pasaron de ronda sin problemas. Con platos sencillos pero bien elaborados y presentados se metieron en la semifinal sin problemas.

Llegó el turno del representante murciano. En el primero, planteó un empedrat de bacalao con un buen balance de colores, que por un momento cautivó por la vista a Jordi, pero lo probó, no le gustó aquel sabor de la derrota y en el último momento decidió cambiar su voto. En el segundo sí que no hubo discusión. Jordi dejó bien claro que aquel plato no merecía estar en semifinales y con ocho certeros dardos fue argumentando su "NO" y fue entonces cuando me ganó. Con el octavo, el share de TVE1 fue el más elevado del año. El argentino, bajaba corriendo las escaleras con las manos en la cabeza, como no creyéndoselo, y yo, entonces sí, me enganché para siempre a Masterchef, mejor dicho a Jordi.

Por su templanza, su forma de llevar el ritmo, por matarte sin que te des cuenta, por saber estar a la sombra hasta que llegue el momento, por tener personalidad, por hacer mejores a sus compañeros presentadores, por su ética de trabajo, por empeñarse en volar cuando otros se conforman con correr, por burlarse de los que lo tachaban de lento, y porque Sant Jordi y San Jorge son la misma persona. Y es que los Cruz son así.

Por favor, que no quiten nunca este programa!!! Aunque yo lo renombraría como MasterChofff, en honor al día en que Jorge logró este sonido 8 veces en el Serrerías.

P.D.: Si no fuera por el yogur griego... 

Yo no lo ví.

Y ya no lo veré jamás. ¿Grabado? ¿En Vídeo? No, ya no me vale. No es lo mismo.

Determinadas cosas en la vida ya no se pueden recrear. Sentarse a los pies del David no es lo mismo que verlo en fotos. Ya ha pasado, no lo ví y ya no lo veré jamás, pero él si lo vió, él si lo vivió, él fue protagonista junto con sus compañeros que en ese momento eran sus hermanos, que en ese momento lo eran todo para él, que en ese momento eran su mundo, su familia, su lucha, su objetivo, su todo. Contemplados por los cientos y cientos de personas que abarrotaron el Serrerías, aquella legendaria tarde del 7 de mayo. Él si lo vivió, y él, junto con ellos, formaron un todo que trascendió en leyenda. Aquello, y no otra cosa, fue lo importante, fue lo que se recordará.

Gracias.

El lenguaje es sesgado, se inventó para comunicarnos, pese a que algunos pretendan darle otros usos. Pero el lenguaje no llega a comunicar todo lo que se quiere expresar, el lenguaje describe, detalla, adorna, explica, pero no es capaz de transmitir a veces en todo su esplendor aquello que de verdad queremos expresar. De ahí que diga Gracias, y lo vaya a repetir sin cesar.

Gracias a Molina Basket, el club que acogió a mi familia desde el primer día con los brazos abiertos, sin reservas, con cariño, como si lleváramos allí toda la vida. Recuerdo que fue un 19 de mayo del año pasado cuando fui a llevar a mi hijo a entrenar por primera vez. Lo primero que me dijo fue “Papá, yo quiero jugar aquí”. Gracias a Molina Basket por darme la oportunidad de entrenar a mí también y tratar de aportar en la medida de mis posibilidades, para hacer un club aún mas grande.

Pero el club son las personas que lo forman, desde los niños que apenas han aprendido a andar y ya juegan con pelotas mas grandes que ellos mismos, pasando por todas las categorías de base, técnicos, monitores, ayudantes, entrenadores, jugadores, directiva y hasta Presidente. Y en todos ellos hemos encontrado una familia que nos ha hecho sentir como en casa desde el primer día. A todos ellos, sin excepción, Gracias, Muchísimas Gracias

En serio, no puedo estar mas agradecido. Pero esta carta de agradecimiento al club no estaría completa, no sería justo, si no hiciera referencia a quien ha cuidado, enseñado, motivado, y en definitiva le ha hecho mejor persona, al mismo tiempo que deportista, a mi hijo, su entrenador Juan Antonio Pujante.

Gracias coach. Con tu esfuerzo, dedicación, ilusión, entrega, sacrificio, que hay que echarte de la pista a empujones para que dejes cada entrenamiento, con cada alegría, con cada sinsabor, con cada partido, entrenamiento, viaje, etc.. En cada uno de ellos has dado lo mejor de ti, hasta llegar a ese momento legendario que quedará en la retina de todos aquellos que tuvieron la fortuna de estar allí justo ese día, justo ese momento. Como entrenador, siento una profunda admiración, como padre, mucho me cuesta imaginar a alguien en quien confiar mas la educación -porque de eso es lo que se trata al fin y al cabo- de mi hijo.

Estoy seguro que este agradecimiento que siento es extensible a todos aquellos que cada día dedican su esfuerzo a hacer que nuestros hijos sean mejores deportistas, mejores personas.

Por todo aquello, por lo pasado, lo vivido, lo perdido y lo ganado, por tantas tardes de alegrías, risas, lágrimas, lesiones, dolores, penas y triunfos, y por hacer algo tan grande, que por mas palabras que dijera, jamás llegarían a transmitir aquello que pienso, Gracias, repito, muchísimas gracias.

José Fernández

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